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Fueron ellos, unos pocos miembros de la comunidad de Yaldad y pertenecientes al Comité de Capilla de la Iglesia Jesus Nazareno, de Yaldad, localidad de la comuna de Quellón, al sur de la isla grande de Chiloé quienes lograron por aquí y por allá, llegar a la Asociación de Carpinteros Patrimoniales de Chiloé para iniciar un proceso de recuperación y conservación de su iglesia. El inmueble pertenece a la llamada Escuela de Arquitectura Religiosa en Madera de Chiloé, que tiene a su haber unos setenta inmuebles, muchos de ellos en gran estado de deterioro debido a la soledad en que se han ido quedando las comunidades.

Aun así, y es parte del aliento y objetivo de la Asociación, como una hierba entre los adoquines, basta la voluntad de un par de personas para que se inicie un proceso solidario para salvar estos lugares que cobijan el afecto, la memoria feliz de una comunidad. Y ese, como en el caso de Agoní, Maullín es el caso de Yaldad.

«Estas iglesias no tienen reconocimiento legal para su protección. No son monumentos nacionales ni patrimonio de la humanidad, pero son inmuebles que están en el alma de nuestras comunidades. Cuando un par de personas, o tres o diez, se acercan a solicitar nuestro apoyo no podemos sino ver cómo apoyamos. No se pueden caer estos templos porque no hay recursos públicos, si la comunidad quiere mantenerlo y trabaja para eso, ahí estaremos. Creemos que esta enorme voluntad que permitió que se conservaran durante cien años y que hoy sigue allí, contra toda dificultad, es la base para trabajar. Por eso nos conformamos como asociación porque tenemos un rol, un deber para con nuestras comunidades» dice enfático José Catalán.

 

Hace ya casi dos meses miembros de la ACP visitaron la Iglesia y conversaron con la gente que los convocó. Allí se expuso cual era el rol de cada uno, de ellos, de la comunidad, de lo que podría apoyar el Municipio, de si se posible solicitar aportes privados, si la comunidad puede ponerse con madera, de quien colabora con trabajo.

Y es así que hace algunos días recibimos las fotos que compartimos a través de este medio, fotos que ellos mismos tomaron del trabajo que comenzaron a hacer, por instrucción de la ACP.

«Nosotros nos sentimos tan bien con esto que hacemos, con esta forma de trabajar. Sin duda que si tuviéramos una empresa estaríamos ganando dinero, pues tenemos un oficio, lo hacemos bien. Pero cuando llegamos a una comunidad y vemos la relación que se establece, el trato es tan distinto, y eso es lo que le da sentido a lo que hacemos» agrega Alejandro Muñoz, carpintero, que estuvo en la primera visita, haciendo una inspección general de la estructura.

Por lo pronto la comunidad está limpiando el entorno. Viene hacer un proyecto, hacer una evaluación crítica del estado del inmueble y lo que es más importante, sumar voluntades, aportes, ayuda para que esta iglesia, el alma de su comunidad, siga viva.